Ludo Nostrum ’16

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Este primer fin de semana de Octubre se han celebrado en Crevillente las primeras jornadas Ludo Nostrum.

Unas jornadas organizadas por el Club Doble Seis y en las que distintas gentes del levante español (¡Y un alemán, que son internacionales!) nos hemos juntado en el albergue Los Molinos para disfrutar de 3 días de frikismo juegomesil absoluto.

Y sin más dilación, vamos a comentar las diferentes partidas que pude jugar, que no es que sea algo de interés nacional, pero bueno, me hace ilusión contarlo.

Llegamos sobre las seis de la tarde del viernes, y tras terminar de colocarnos, ayudar a mover un par de mesas, etc., la tarde no dejaba mucho tiempo antes de la cena. Así que para no dejar nada a medio empezamos con un par de fillers rapidetes: La primera partida fue a Intrigas de Palacio. Jueguecito de cartas rápido,en el que para ganar las distintas rondas a jugar debes colocar 6 personajes diferentes (De los 7 que lleva el juego) en tu zona de juego. Si te obligan a jugar y solo tienes cartas que ya habías colocado, por lo que has de repetir, pues… mala suerte, pierdes. Se puntúa cada ronda según si hay un ganador (puntúa él) o un perdedor (puntuan el resto) hasta que alguien llegue a más de 7 puntos totales. Juego entretenido, y de duración acotada. ¡Justo lo que pedíamos!

Daba tiempo para otra cosa rapidita, y por ahí apareció un Port Royal al que había que apuntarse. Creo que la anterior vez que jugué a dos fillers de cartas seguidos fue con 5 años al “Memory de las familias” y “101 dálmatas: The Card Game”. Juego curioso, con mecánica Push Your Luck: puedes ir sacando cartas del mazo mientras quieras, hasta que, o pierdas y pase tu turno, o elijas una -y la pagues- y les dejes las sobrantes al resto de jugadores. De ahí en adelante lo de siempre: Te mejoran X o Y acción, hasta que se forma una bola de nieve y dejar algo ayuda a 3 de los 5 de la mesa. En unos tres cuartitos de hora gana el que más puntos tiene, bastante potable.

Y para el viernes después de cenar dejamos el primer plato fuerte del fin de semana: Leaving Earth. Jugamos 5 jugadores y lo hicimos en un 2 vs 2 vs1. El juego es conocido por los cálculos matemáticos a realizar. La verdad es que hay varias cuentas que hacer (La nave conforme pierde propulsores pierde peso, por lo que el seguir avanzando por el espacio cuesta menos… y hay que tenerlo todo en cuenta), pero más allá de conseguir la optimización máxima con ellas el juego se centra en la toma de decisiones sobre hacia dónde ir y hasta qué punto arriesgar. Personalmente, con varios novatos como éramos en la partida, creo que fue un acierto .

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Cada turno nos dan 25 millones de dólares. Con ellos, compraremos tecnologías para el cohete que lanzaremos. Desde propulsores más o menos potentes, hasta cápsulas para poder meter tripulantes en ellas y… ver si vuelven o salimos en las noticias. La gracia está en que, al comprar la tecnología, cada una te viene con 3 cartas que pueden ser de Acierto o Fallo. Cada vez que lances un cohete que use esa tecnología levantarás una. Si en la carta aparece Acierto está todo OK, si es Fallo pues… explosión. Tras levantar la carta puedes o pagar o por quitártela (Hasta que no te quede ninguna por lo que se entiende que la tecnología ya está al 100% depurada) o volver a barajarla para volver a sacar una en el siguiente uso de esa tecnología.

La meta del juego es ser el primero en realizar distintos objetivos en la carrera espacial, por lo que no te puedes dedicar a ir lanzando todo lo que compres tres veces hasta depurarlo, pues otro jugador que acabe jugándosela y le salga bien te habrá adelantado por la derecha y sin poner intermitentes ni nada.

Muy buen juego, que nos dejó con ganas de más pues las misiones que cogimos eran muy básicas. (Lo más lejos que llegamos es Marte, que eso es como ir a Benidorm y volver).

El viernes iniciamos con una partida a Viticulture Essential Edition.  ¿Y por qué pongo lo de la edición? Pues porque según parece, hay 2783 ediciones diferentes que si con miniexpansiones, que si sin, que si con la expansión grande, que si no, que si esto, que si aquello… Total, que a la que jugamos la verdad es que el juego está bastante bien. Partida a 4 jugadores, de más o menos una hora de duración. Colocación de trabajadores curioso, con dos partes separadas del mapa según sea invierno/verano en las que colocar los trabajadores.

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El punto que no me llegó a gustar es que también se juegan cartas, y que realmente son las que llevan el peso de la partida. Eso de por sí no es malo, pero en un juego de hacer vinos importa más el coger las cartas correctas que el hacer vinos…

Después de la recolección de la uva, tocaba darse de toñas, y por ahí apareció el Kemet. Juego frenético, en el que las peleas son constantes pues prácticamente puedes ir a cualquier parte del mapa, y que además da puntos el hacerlas, así que… a ello fuimos los cuatro jugadores.

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Partida de hora y poco de duración, en un juego en el que en tu turno has de conseguir cuantas más tecnologías mejor, que luego te ayudarán o a conseguir más de esas tecnologías, o a ser mejor pegando leches. Y listo. O rezas (Es la moneda de cambio para conseguir las tecnologías) o te mueves para provocar batallas, o reclutas algunos de tus guerreros muertos.

Juego que ya conocía, y que aunque siempre que he jugado me deja el poso de que gana el jugador que cuando quedan un par de rondas en menos líos se mete, entretiene.

Tras reponer fuerzas (Es decir, ir a comer), tocaba el juego de mayorías más asentado en el mundo lúdico: El Grande. Lo jugamos a todo lo que da, 5 personas, porque había gente que no lo conocía y eso no podía ser.

¿Cómo? ¿Que no lo conoces? Pues aquí va una explicación rápida: Básicamente es el mapa de España dividido en zonas en las que colocaremos cubos, y 5 cartas boca arriba. En tu turno coges una de las disponibles y haces lo que ponga. Siempre suele ser poner/quitar cubos de las diferentes zonas, molestando lo más que puedas al resto, para en las distintas fases de puntuación estar mejor colocado que nadie en cuantos más territorios diferentes mejor.

Juego que nunca defrauda, y que, aunque el que es bueno suele ganar, a 5 deja una sensación de caos bastante grande. Varía tanto el tablero desde que te toca hasta que te vuelve a tocar que ya no sabes por dónde te han dado. Me pegaron tal paliza que tuve que ir a que me diese el Sol.

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Y qué mejor manera para que te de el Sol que jugar a un juego al aire libre (¡Qué bien lo he hilado, eeeeh!). Así que fuimos a probar el Kubb, el llamado ‘ajedrez vikingo’. En un rectángulo… rectangular, de 5×10 metros (más o menos, a ojímetro) cada equipo coloca 5 bloques en su lado. La idea es tirar los del rival, que luego se convertirán en tu defensa. Es más difícil de explicar que de jugar. Muy recomendado si te gusta esto de tirar palos al aire libre (Yo con su primo “Mölkky” descubrí que si me gusta).

La vuelta a las mesas tras el ‘ejercicio físico’ se realizó con otra partida rápida, y en este caso el juego fue Dragon Gold. Un juego desconocido para mí, y simple a más no poder: Salen cartas con dragones que guardan tesoros y tienen un nivel de dificultad. Entre todos hay que colocar cartas hasta igualar ese nivel. Cuando se ha conseguido, los jugadores tienen un minuto para repartir el tesoro. Si no se consigue llegar a un acuerdo… el tesoro no es para nadie. Juego facilón y con el que te puedes echar unas risas en 20 minutos (O unos enfados, según se tercie).

Antes de cenar, llegamos al punto surrealista del fin de semana: Cogemos el Oh my goods, juego de cartas fácil de narices pero al que ninguno habíamos jugado. Sacamos las reglas, y… media hora volviéndonos locos porque no había manera de aclararse. Al final, como era de esperar, el reglamento era 304823490 veces más complicado que el juego en sí. Básicamente juegas cartas para comprar más edificios que te dan más recursos para comprar más edificios, hasta que alguien haga 8 edificios. Filler de 20 minutos en el que cada uno se monta su chiringuito sin hacer caso al resto. Así que avisados estáis si os gustan los fillers con interacción. Aquí no la hay, aunque como juego tiene sus decisiones que lo hacen entretenido.

Y tras la cena (Y también tras disfrutar de ver Saturno en un telescopio que había en el albergue) llegaba uno de los juegos que más ganas tenía de probar: Estudio en Esmeralda 1ª Edición. No había jugado a ninguna de las dos ediciones, y me dejó “to’ loco”. Ya ando buscando piezas por ahí para hacer el Print and Play.

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Compras cartas, matas gente, roles ocultos, tu espía se va con el rival porque era espía doble, salen zombies, tienes que ayudar a tu compañero (cuando sepas quién es) para que no sea último porque perderías, ¡pero que tampoco te adelante! porque ganaría él. Partida que cuando llevaba poco menos de una hora parecía que se decantaba, pero… con eso de ayudar al último y no dejar que te ganen, estuvimos otra hora y pico dale que te pego. En tu turno tienes dos acciones, por lo que el entreturno es nulo, la tensión total, y las decisiones importantes. PEPINAZO.

En estas que dan las 2 o 3 de la mañana, y tampoco nos íbamos a ir a dormir, que para eso ni salgo de casa. Así que nos echamos la última del día: una partida al Russian Railroads. A estas alturas todo el mundo lo conoce, pero para el que no: Juego de colocación de trabajadores en un panel central muy sencillo de reglas, donde cada jugador intentará mejorar cuatro distintos tracks en su panel personal. De reglas es sencillo como digo, pero la base del juego radica en quitar las acciones al rival y en intentar realizar los mejores combos posibles. Buenas sensaciones en una partida en la que los tres jugadores acabamos por encima de 300 puntos (320, 360, 390), que, oye, pa’ mí ya está bien.

Otro de los juegos que volví a sacar a mesa, esta vez ya el domingo, fue el Friedrich (Reseñado aquí). Jugado a 4 jugadores, como debe ser, se nos fue a unas 3 horas de partida. Muy igualada (De hecho ganó el que parecía que iba perdiendo), y en la que el pobre Federico no parecía capaz de aguantar mucho más. Le dimos por todos sitios. Yo llevaba al francés, así que… bueno, en parte no me molestó perder ñejejeje.

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Para cerrar el fin de semana lúdico, tocó una partida a Secret Hitler. Juego de roles ocultos y de… bueno, de hablar alrededor de una mesa. Lo jugamos a 8 jugadores. 3 de ellos son fascistas (Uno de ellos Hitler) y los otros liberales. En cada ronda se han aprobar unas leyes que podrán ser pues o fascistas o liberales, todo en secreto entre dos jugadores. Muy muy entretenido, más de lo que esperaba, y con el aliciente de no haber eliminación de jugadores hasta muy avanzada la partida.

 

Y hasta aquí el fin de semana lúdico en Crevillente. Dar las gracias a todos los asistentes por crear un clima inmejorable, a la gente del albergue por su hospitalidad, y por supuesto al Club Doble Seis de Alicante por hacer posible esta aventura. El curro ha tenido que ser grande, y espero que entre todos no hayamos dado muchos problemas.

¡Hasta la próxima!

 

LAS IMÁGenes DESENFOCADAS Y CON MANCHAS QUE PARECEN DE BOLÍGRAFO SON CORTESÍA DE MI TELÉFONO MÓVIL. LAS DECENTES, COMPARTIDAS POR LOS AMIGOS DE CLUB DOBLE SEIS.
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